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martes, noviembre 30, 2010

Frío en Madrid



A tres grados, subida a la azotea del Circulo de Bellas Artes contemplo la noche sin estrellas de Madrid. El frío helador me enfría las piernas, la nariz y las manos, pero aun así no puedo apartar la mirada del hipnótico paisaje. Miles de coches suben y bajan por la Calle Alcalá y sus atascos producen un cúmulo de luces amarillas y rojas.

Miles de minúsculas historias pasean por la acera, ajenos a mi mirada curiosa desde arriba. Cuantas personas te contemplan cada día, cuantos pensamientos, cuantas preocupaciones, cuantas alegrias, cuantas penas, cuantos amigos, cuantos enemigos, cuantos amantes, cuantos niños... solo hormigas vistos desde la azotea.

Y entonces, una voz de saca de mi ensimismamiento, el espectáculo va a comenzar...

miércoles, noviembre 10, 2010


"He llegado a un punto de recuperación económica, por tanto, recupero mi vida social anterior. Mamá, he vuelto"


Conversaciones intempestivas con Diego.





Foto: vistas de un atardecer otoñal del último día que vi a Diego.

sábado, octubre 30, 2010

Miguel Hernandez

ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería).


Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.